Institución Educativa Adolfo Hoyos Ocampo
miércoles, 10 de julio de 2013
¿La evaluación un barco a la deriva?
Sin excepción, alguna, toda actividad educativa realizada y no evaluada es como un barco a la deriva. Con la evaluación, se cierra el círculo del proceso educativo, volviendo a su punto de partida, que son los objetivos. Una nave a la deriva es aquella que, partiendo de un puerto va navegando, sin destino fijo, ya sea por pérdida del timonel o rotura del timón, o por otras circunstancias adversas a los fines propuestos por aquellos que la zarparon. ¿Volverá a su puerto? ¡Quién sabe! ¿Logrará sus fines? ¡Dudoso! Y seguirá bogando, teniendo por las noches las estrellas, mudas y lejanas; y de día, los rayos del sol calcinantes en el sur, y los vientos helados en el norte.
El proceso educativo parte de un puerto seguro: los objetivos, y luego de transitar por donde fuere, con un buen timón la ética y la estética en la profesión y un timonel seguro y firme el docente debe volver a su puerto con el triunfo de los logros, alcanzados y certificados por la evaluación. Sin la evaluación, el proceso educativo sería como un barco a la deriva, dependiendo de su suerte. A veces, puede encontrar una isla encantada, y otras veces, unas cálidas costas donde spltar sus anclas. Solo el destino se encargará de hacer cumplir sus objetivos, y no siempre en su totalidad.
Cuando no se evalúan las actividades educativas nacidas de unos objetivos precisos, no se podrá saber si estos objetivos fueron logrados o pueden ser logrados en un futuro, y el esfuerzo, la dedicación y la ciencia del docente se verán menospreciados, por más sinceros y auténticos que fueren sus sentimientos de solidaridad y de humanismo.
La evaluación educativa se asemeja al barco que vuelve a su puerto de partida. Zarpa con el proceso de enseñanza-aprendizaje de un puerto seguro, los objetivos, y luego de transitar por distintas actividades, vuelve a su puerto con los logros conquistados en nombre de estos objetivos.
Ahora bien, "Evaluar no es calificar" cuando se califica por lo general también se termina descalificando, lo que genera una total contradicción con los objetivos mismos de la educación. La evaluación no se puede limitar a las llamadas previas, a trabajos escritos que se circunscriban al resumen, a la descripción o a la transcripción textual. "La evaluación no es un examen o prueba al que el estudiante se aproxima con miedo y temor al término de un capítulo, una guía, un periodo o un año. La práctica tradicional en la escuela ha reducido la evaluación a un examen riguroso, no por su exigencia científica sino por lo complicado que es pasarlo". La evaluación, debe ser entonces un diálogo constante donde se construya. Un espacio en el cual se aclaren dudas o se generen otras. Una oportunidad en la cual estudiantes y maestros se encuentren con la persona, el saber, con la ciencia, con el conocimiento.
“La evaluación es un proceso mediante el cual se valoran desempeños en el ser humano en un contexto determinado” VILLADA (2008); esta definición nos da luces importantes frente al sentido real de la evaluación, siendo conscientes que en muchos casos, la evaluación no tiene en cuenta el proceso llevado a cabo por los estudiantes, sino la medición de conocimientos, situación que es necesario intervenir. Es de resaltar que la acción de evaluar es un ejercicio pedagógico y humano de carácter subjetivo, donde resulta esencial tener claridad frente al objetivo que se busca con ella y su intención en términos formativos, porque como dice VILLADA: “la evaluación es una oportunidad para aprender y da cuenta de la transformación del sujeto como persona”.
Usualmente, el acto de evaluar se ha asemejado al acto de examinar o medir, pero hay que anotar que son dos cosas completamente distintas aunque complementarias, al ser la examinación un factor orientador en algunos aspectos del proceso evaluativo; en otras palabras, la examinación puede llevar a la valoración del desempeño de nuestros educandos.
El alumno aprende la mayor parte de las cosas de manera transitoria. Esta premisa es común en nuestras aulas de clase, sobre todo porque los estudiantes “aprenden” para un examen, no para la vida; cuando memorizamos, muchos de esos datos o informaciones las utilizamos en un momento dado, pero después de un tiempo las olvidamos, quizás porque no son representativas de nuestra realidad. Todo docente, en cualquier nivel, grado o asignatura requiere tener en cuenta lo expuesto anteriormente, sólo siendo conscientes de dichas premisas, estaremos en capacidad de planear y desarrollar un proceso de enseñanza-aprendizaje con una dosis de significatividad y sentido que propenda por el desarrollo del pensamiento para aquellos que se encuentran en un proceso formativo.
De igual relevancia que las afirmaciones hechas hasta el momento, resulta fundamental hacer énfasis en el hecho de concebir el aprendizaje como un proceso individual que depende de las capacidades de cada ser humano, de sus ritmos y estilos de aprendizaje; por tanto, cuando una persona no aprende algo con la velocidad (ritmo) que espera el docente, no significa entonces que tenga un problema de aprendizaje, más bien, es una característica relacionada con los ritmos de aprendizaje, por eso, no todos aprendemos a la misma velocidad, algunos pueden ser más lentos que otros, lo cual se debe también a los estilos de aprendizaje.
Las diferencias entre los estudiantes son variadas, pueden ser de tipo cultural, intelectual, social, afectivo, entre otras; cada persona tiene su estilo de aprendizaje. Catalina Alonso y Domingo Gallego (2003) definen los estilos de aprendizaje como los “rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos que sirven como indicadores relativamente estableces de cómo los estudiantes perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje”.
Conocer ¿cómo aprende el ser humano? es un aspecto central en los procesos evaluativos, podríamos decir que es su materia prima; cuando desconocemos esa pregunta es cuándo caemos en el error de concebir el evaluar cómo aplicar un examen, sin tener en cuenta la integralidad del ser humano y su meta de formación. Una vez que el docente tiene claro este proceso, puede emplear un conjunto de estrategias, procedimientos, fundamentos y categorías con las cuales puede evaluar al alumno y emitir juicios y conceptos valorativos frente a su desempeño. Sólo con un proceso sistemático y cuidadoso de evaluación podremos facilitar un aprendizaje significativo y ante todo, aplicable en determinadas situaciones y contextos.
Vista así, la evaluación se convierte no sólo en un lugar de discusión, sino en un espacio de formación permanente, donde los datos, las fechas, los hechos, se vuelven "verbo", acción, y pasan a ser explicación y fundamento en la resolución de problemas o en la generación de tesis y de dudas; cuando la evaluación se vuelve un espacio para preguntarse constantemente los por qué, los cómo y los para qué, podemos posibilitar un aprender permanente, un aprender a aprender; una posibilidad de que todos los elementos (teóricos, prácticos) que nos rodean (en especial los entornos y las realidades) nos permitan un preguntarnos y explicarnos constantemente.
La evaluación entonces ya no será el espacio de memorización, de copia textual, de mera síntesis, en la cual se preguntaba: escriba los nombres de, en qué año fue, quién fue, enumere, describa, grafique; sino que se convertirá en la posibilidad de explicar, preguntar, indagar, investigar, interpretar y dar puntos de vista objetivos trabajados con cierta rigurosidad. Es decir, que los maestros/as no calificarán el trabajo de los/as estudiantes, sino que entrarán en discusión con ellos/as, analizando los puntos de vista, las fuentes consultadas, el método utilizado, el estilo empleado, con lo cual la evaluación no será una acción impositiva y coercitiva en la cual los estudiantes se limitan a obedecer y responder lo que por lo general los/as docentes quieren escuchar, sino que será un acto consciente y voluntario en el cual el/a estudiante pueda analizar su desempeño y la responsabilidad con su quehacer, para que así comience a trasegar el camino de la autonomía, el compromiso consigo mismo.
El paradigma es que la evaluación en lugar de medir el conocimiento (si es que se puede medir), el "rendimiento de los/as estudiantes", la capacidad de memorizar; posibilite el aprehender, incite al estudiante a la construcción del conocimiento, es decir, que hagamos de la evaluación un espacio para la formación; de esta manera, podemos comenzar a permitir que los/as estudiantes ya no se pregunten por cuanto sacaron, o si "pasaron", sino que se preocupen por cuánto aprendimos, qué tal nos fue en el manejo de las herramientas, en la formulación de hipótesis, qué tal la fundamentación de los puntos de vista, el manejo de los datos, el manejo de información. Así entonces la evaluación no será tampoco el feudo designado exclusivamente a los docentes, sino que será la posibilidad de concertación con los estudiantes, la posibilidad de que ellos/as se evalúen, asuman conciencia del valor de su trabajo, de su esfuerzo, de sus logros y desaciertos".
En la medida en que esto pueda lograrse, el maestro pierde su carácter de juez todopoderoso y recobra su papel de guía, ubicando su autoridad en su capacidad PEDAGÓGICA y no en su poder de juzgar a los alumnos". La previa, la memorización simple, el temor y la copia... serán, como dice el poeta, cosas de una vieja historia. El objetivo será aprehender, construir, manejar diversos tipos de herramientas y métodos propios de las diferentes disciplinas y áreas, debatir, interpretar (comenzando por los diferentes hechos humanos), proponer (formas de abordar los problemas, alternativas de solución a los mismos) analizar, criticar, comprender y no simplemente pasar.
Mas la evaluación, también tendrá otra connotación... el valor ético. Es decir, la evaluación no sólo posibilitará la formación disciplinar, critica, analítica, de comprensión e interpretación de la realidad social, etc., de los estudiantes, sino que permitirá que se autoevalúen, que sean capaces de reconocer su trabajo constante, sus logros o su facilismo; ellos/as revisarán su compromiso académico, su quehacer; entonces entramos en otro diálogo docente - estudiante, en el cual, la nota no será el medio ni el fin; ni será el elemento motivador o señalador (castigador). Tampoco el instrumento dominador con el cual el profesor/a ejercía autoridad o chantaje; ahora el debate se centrará en las competencias alcanzadas por los estudiantes, y la colaboración y participación de los docentes en el desarrollo de tales competencias. Los estudiantes tendrán la oportunidad de analizar las orientaciones y comentarios hechos a sus trabajos para ver sus posibilidades, y corregir los desaciertos o superar las deficiencias.
En mi opinión, la evaluación debe ser objeto de permanente reflexión, transformación e incluso de indagación; esto último es ser objeto de investigación con el fin de determinar su pertinencia e influencia en las acciones formativas y cómo contribuye a dar una mirada diferente al sentido del aprendizaje. Por último, quiero anotar que la evaluación no puede seguir estructurándose para medir conocimientos, tampoco debe plantearse un día antes, es una acción que requiere ser planeada, asumida desde el inicio del año escolar y tener unos criterios y objetivos claros, en procura de lo que he resaltado durante este escrito, la formación humana. En conclusión, la evaluación es un proceso planeado, sistemático e integral mediante el cual se valoran los desempeños de nuestros estudiantes, teniendo en cuenta sus resultados, pero en especial, sus procesos. No olvidemos además que la evaluación está vinculada al quehacer educativo y por tanto al mundo de la vida, ese mundo en el cual está inmerso el educando y al que debe hacerle frente día a día. APROPIACION Y ALINEACION PARA QUE EL BARCO NO ESTE A LA DERIVA.
Manizales, Julio 3 de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Buena tarde, en esta nueva entrada les presentamos las lineas pedagógicas elaboradas por la comunidad educativa en las que se enfatiza en la promoción integral de la persona y el papel primordial de la educación.
1. Potencialidad intelectual y las buenas costumbres de nuestros niños y jóvenes, lo que le permite ser protagonista de su propio crecimiento y de la construcción de procesos sociales.
2. Comunidad participativa, fruto de los valores de sus gentes, como un valioso complemento de la formación ofrecida por el colegio
3. Saberes actualizados y contextualizados que generen competencias y permitan el rompimiento de paradigmas personales y sociales
4. Desarrollo humano como construcción del sujeto y desarrollo social como construcción de nuevas condiciones de calidad de vida
5. Pedagogía con énfasis en valores que de prelación al aprendizaje lúdico y que se viabilice a través del respeto por nuestros semejantes en la práctica de una sana convivencia social
6. Metodología activa con docentes motivadores y dinamizadores de un acto educativo innovador y enriquecedor
7. Educación como medio de superación y crecimiento a través del cual los jóvenes y la familia encuentren una posibilidad de mejorar la calidad de sus vidas
domingo, 17 de febrero de 2013
boletin informativo
A partir de encuentros con padres, estudiantes y maestros se estableció que la IE debía contar con un mecanismo de comunicación de fácil acceso y conocido por todos, en el que se mostrase entre otras cosas la agenda de actividades diferentes a las académicas de cada día; fechas y datos importantes de diferentes áreas del conocimiento mediante los cuales los maestros pudiesen cautivar a los estudiantes al hacerles significativo y contextualizado el conocimiento: proceso de formación continuo en el liderazgo acorde al modelo pedagógico; cumpleaños y hechos importantes en la vida de la IE y desarrollo de cursos de capacitación de maestros y directivos
Reflexiones RLT
Consideraciones segunda semana intensivo RLT
1. ¿Cuál es el tipo de educación que la sociedad requiere para formar seres humanos capaces de realizarse y poner al servicio de esta todo su potencial?
2. ¿Cómo lograr que la la institución educativa recobre la responsabilidad de enseñar el gusto y el placer de aprender,la capacidad de aprender a aprender en todos los contextos y fomentar desde niños la curiosidad del intelecto?
3. ¿Cómo convertir a la escuela en un ser abierto, participativo e inclusivo?
4. ¿Cómo formular un plan de acompañamiento y cualificación docente que permita mejorar las prácticas de aula sin que esta sea vista por los maestros como evaluación?
5. ¿Quién es el sujeto que aprende, qué aprende y para qué aprende?
6. ¿Cómo identificar los ambientes favorables para el aprendizaje en mi IE?
7. ¿Cuál es el sentido de la escuela en la nuestra transformación y cómo sería la escuela soñada para ello?
jueves, 14 de febrero de 2013
PROGRAMA RLT
Colombia dentro de su multipluralidad concibe hoy a los maestros como herreros y forjadores de historia, en la que el ser de cada uno de ustedes se hace consciente a ñla luz de su vivencia y la etica para la construccion de ciudadania. Este es un llamado para crear y expandir espacios en lps que los diferentes actores de la comunidad educativa clamen y eleven sus voces en torno a "l la escuela que soñamos". Maestro ¡ reflexionar en torno a tu quehacer valida y engrandece tu misión. Solo conociendo tu escuela y soñandola podemos construir la ruta hacia la magia de aprender.
viernes, 23 de noviembre de 2012
DECÁLOGO PARA EL USO DIDÁCTICO DE LAS TIC EN EL AULA
1. Lo relevante debe ser siempre lo educativo, no lo tecnológico. Por ello, un docente cuando planifique el uso de las TIC siempre debe tener en mente qué es lo que van a aprender los alumnos y en qué medida la tecnología sirve para mejorar la calidad del proceso de enseñanza que se desarrolla en el aula.
2. Un profesor o profesora debe ser consciente de que las TIC no tienen efectos mágicos sobre el aprendizaje ni generan automáticamente innovación educativa. El mero hecho de usar ordenadores en la enseñanza no implica ser mejor ni peor profesor ni que sus alumnos incrementen su motivación, su rendimiento o su interés por el aprendizaje.
3. Es el método o estrategia didáctica junto con las actividades planificadas las que promueven un tipo u otro de aprendizaje. Con un método de enseñanza expositivo, las TIC refuerzan el aprendizaje por recepción. Con un método de enseñanza constructivista, las TIC facilitan un proceso de aprendizaje por descubrimiento.
4. Se deben utilizar las TIC de forma que el alumnado aprenda “haciendo cosas” con la tecnología. Es decir, debemos organizar en el aula experiencias de trabajo para que el alumnado desarrolle tareas con las TIC de naturaleza diversa como pueden ser el buscar datos, manipular objetos digitales, crear información en distintos formatos, comunicarse con otras personas, oir música, ver videos, resolver problemas, realizar debates virtuales, leer documentos, contestar cuestionarios, trabajar en equipo, etc.
5. Las TIC deben utilizarse tanto como recursos de apoyo para el aprendizaje académico de las distintas materias curriculares (matemáticas, lengua, historia, etc.) como para la adquisición y desarrollo de competencias específicas en la tecnología digital e información.
6. Las TIC pueden ser utilizadas tanto como herramientas para la búsqueda, consulta y elaboración de información como para relacionarse y comunicarse con otras personas. Es decir, debemos propiciar que el alumnado desarrolle con las TIC tareas tanto de naturaleza intelectual como social.
7. Las TIC deben ser utilizadas tanto para el trabajo individual de cada alumno como para el desarrollo de procesos de aprendizaje colaborativo entre grupos de alumnos tanto presencial como virtualmente.
8. Cuando se planifica una lección, unidad didáctica, proyecto o actividad con TIC debe hacerse explícito no sólo el objetivo y contenido de aprendizaje curricular, sino también el tipo de competencia o habilidad tecnológica/informacional que se promueve en el alumnado.
9. Cuando llevemos al alumnado al aula de informática debe evitarse la improvisación. Es muy importante tener planificados el tiempo, las tareas o actividades, los agrupamientos de los estudiantes, el proceso de trabajo.
10. Usar las TIC no debe considerarse ni planificarse como una acción ajena o paralela al proceso de enseñanza habitual. Es decir, las actividades de utilización de los ordenadores tienen que estar integradas y ser coherentes con los objetivos y contenidos curriculares que se están enseñando.
Tomado de: Propuesta para debate elaborada por M. Area, marzo 2007 disponible en http://ordenadoresenelaula.blogspot.com
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